
El Niño se intensifica y podría provocar sequías e inundaciones hasta 2027
Belen LapetinaEl fenómeno de El Niño atraviesa una etapa de fuerte intensificación y podría convertirse en uno de los episodios más importantes registrados desde 1950. El evento comenzó a fortalecerse en junio y alcanzó una intensidad considerada “muy fuerte” para esta época del año.

Según la NOAA, el Índice Oceánico Relativo Niño 3.4 registró una anomalía de aproximadamente 2 °C por encima del promedio, un valor que llevó a algunos expertos a referirse al episodio como un “súper Niño”.
Uno de los aspectos que más preocupa es la rapidez de su evolución. En apenas un año, el sistema pasó de una débil La Niña a un El Niño de gran intensidad. La NOAA estima que existe cerca de un 75% de probabilidad de que alcance su máxima intensidad hacia fines de año.
El fenómeno se desarrolla, además, sobre un planeta que ya registra temperaturas más elevadas debido al cambio climático. Por ese motivo, la NOAA utiliza el RONI, un indicador que permite descontar el calentamiento global de fondo y medir con mayor precisión la intensidad propia de El Niño.
Los efectos ya comenzaron a observarse en diferentes regiones. En el Pacífico, se registraron 16 tormentas, entre ellas dos huracanes de categoría 5. En Hawái, tres sistemas tropicales afectaron la región en menos de un mes.
En el Atlántico, en cambio, El Niño suele generar una mayor cizalladura del viento, lo que dificulta el desarrollo de tormentas. Esta condición contribuyó a una temporada de huracanes con menor actividad de lo habitual.
En Indonesia, las condiciones más secas asociadas al fenómeno favorecieron la propagación de incendios forestales, debido a la menor cantidad de precipitaciones y a la vegetación reseca.
El Niño también suele provocar un aumento de las temperaturas globales. Agosto de 2026 fue el agosto más caluroso registrado y los especialistas advierten que el actual episodio podría contribuir a un período de calor excepcional durante 2026 y 2027.
La evolución del fenómeno será especialmente relevante durante el invierno del hemisferio norte, cuando sus efectos sobre los patrones climáticos suelen intensificarse y pueden generar importantes consecuencias económicas y ambientales.


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