
El Camino del Perú desborda su capacidad y Yerba Buena reclama una solución metropolitana
Benjamin EncinaEl Camino del Perú dejó de tener únicamente complicaciones puntuales durante las horas pico y se transformó en uno de los principales problemas de movilidad del área metropolitana tucumana. Cientos de miles de vehículos utilizan mensualmente los accesos de Yerba Buena, mientras la ruta provincial 315 concentra una parte importante de los movimientos entre la Ciudad Jardín, Cebil Redondo, San José, Tafí Viejo y San Miguel de Tucumán.
La Municipalidad de Yerba Buena reconoce que las medidas aplicadas hasta el momento permiten ordenar determinados cruces, pero ya no alcanzan para resolver el problema de fondo.
El secretario de Gobierno municipal, Fernando de la Orden, calificó la situación como compleja y preocupante y ubicó al Camino del Perú entre los sectores más conflictivos para la circulación cotidiana.
La explicación aparece en los números.
Los registros del Centro Integral de Monitoreo indican que durante agosto se contabilizaron alrededor de 630.000 ingresos y egresos vehiculares de Yerba Buena. Dentro de ese movimiento, el sector compuesto por Camino del Perú y avenida Perón concentró más de 130.000 rodados.
El problema es que una parte importante de ese caudal no pertenece exclusivamente a vecinos de Yerba Buena.
La ruta funciona como conexión para personas que diariamente se trasladan desde Cebil Redondo, San José, Tafí Viejo y distintas urbanizaciones del noroeste del Gran San Miguel de Tucumán. Esto convierte al corredor en una vía metropolitana aunque administrativamente atraviese diferentes jurisdicciones.
Ahí aparece uno de los principales obstáculos para encontrar una solución definitiva.
La Municipalidad puede desplegar inspectores, modificar determinados controles o intervenir dentro de los límites de su competencia, pero la ruta 315 pertenece a la Provincia y conecta territorios administrados por diferentes gobiernos locales.
Yerba Buena sostiene que desde hace años mantiene agentes de tránsito permanentemente sobre el corredor.

Los operativos comienzan desde la madrugada y se extienden hasta altas horas de la noche. El personal utiliza conos, balizas, bastones refractarios y sistemas de iluminación para intervenir principalmente durante los momentos de mayor circulación.
A pesar de ese despliegue, las filas de vehículos continúan apareciendo.
El crecimiento urbano modificó por completo la cantidad de personas que necesitan utilizar esa ruta. Barrios privados, nuevas urbanizaciones, establecimientos educativos y el desarrollo de Cebil Redondo y San José aumentaron progresivamente la presión sobre una infraestructura diseñada para otro nivel de circulación.
Un análisis previo estimaba que más de 25.000 vehículos atraviesan diariamente el Camino del Perú, una cifra que ayuda a explicar por qué los controles de tránsito por sí solos no pueden eliminar los embotellamientos.
La situación se vuelve especialmente complicada en determinados horarios.
El ingreso y la salida de los establecimientos educativos, el mediodía y el período posterior a las 18 concentran algunos de los momentos más difíciles. En sectores como Italia y Frías Silva y las inmediaciones de la Escuela Justiniano Frías, autos, colectivos, motos, bicicletas, camiones y peatones deben compartir un espacio limitado.
La seguridad de quienes cruzan a pie también quedó dentro de las preocupaciones.
La concentración vehicular y determinadas conductas de los automovilistas generan dificultades para atravesar la ruta, especialmente cuando la circulación se encuentra saturada.
La discusión, por eso, comenzó a superar la pregunta sobre cómo ordenar mejor los semáforos.
El diagnóstico de especialistas apunta a la falta de vías alternativas capaces de distribuir el tránsito. Calles que pierden continuidad, accesos cerrados y urbanizaciones sin conexiones suficientes terminan enviando una gran cantidad de vehículos hacia un mismo corredor.
En la práctica, la ruta 315 funciona como un embudo.
Cuando ocurre un inconveniente, una maniobra lenta o una acumulación extraordinaria de vehículos, existen pocas alternativas inmediatas para desviar ese flujo.
Durante los últimos meses surgieron diferentes proyectos para modificar esa situación.
Una de las propuestas plantea desarrollar una avenida paralela de aproximadamente siete kilómetros entre Yerba Buena y Villa Carmela, atravesando Cebil Redondo. La iniciativa privada prevé financiar una parte importante de la infraestructura y busca generar un nuevo corredor que permita quitar vehículos del Camino del Perú.
Otra posibilidad apareció mediante una conexión hacia avenida Fanzolato.
Conductores comenzaron a utilizar informalmente un antiguo callejón dentro de una quinta de limones, de aproximadamente 120 metros, para comunicar sectores de Cebil Redondo con Yerba Buena sin recorrer el tramo más congestionado de la ruta.
El paso todavía no constituye una calle oficialmente habilitada.
Para transformarlo en una conexión formal serán necesarias autorizaciones y obras. Sin embargo, las estimaciones conocidas señalan que una alternativa de ese tipo podría retirar entre 20% y 30% del tránsito actualmente concentrado sobre la ruta 315.
Yerba Buena también proyecta intervenciones sobre la infraestructura existente.
Entre las medidas mencionadas aparecen reparaciones y la incorporación de semáforos con dispositivos inteligentes, aunque desde el propio municipio reconocen que esas herramientas servirán para mejorar la administración del flujo y no reemplazan la necesidad de crear nuevas conexiones.
El problema central pasa entonces por la coordinación.
Una solución integral necesitaría participación de la Provincia, Yerba Buena, San Miguel de Tucumán y las demás jurisdicciones involucradas en los movimientos diarios del corredor. La Dirección Provincial de Vialidad también tiene un papel central debido a la condición provincial de la ruta.
Mientras esa respuesta estructural no llegue, el municipio continuará utilizando agentes y controles para administrar una circulación que ya supera las posibilidades de una intervención exclusivamente local.
Los datos muestran que el Camino del Perú dejó de ser solamente una calle problemática de Yerba Buena. Se convirtió en uno de los principales cuellos de botella del crecimiento metropolitano de Tucumán, alimentado diariamente por vehículos procedentes de diferentes ciudades y localidades.
La discusión ahora deberá pasar de cómo ordenar las filas a cómo evitar que todo ese tránsito siga dependiendo de una sola vía.




