
Flávio Bolsonaro ganó la primera vuelta y ahora busca ampliar su alianza para vencer a Lula
Benjamin EncinaBrasil ingresó en tres semanas decisivas de negociación política después de una primera vuelta presidencial que dejó un escenario más ajustado de lo previsto. Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal (PL), terminó en el primer lugar y enfrentará al actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva en el balotaje previsto para el 25 de octubre.
Con prácticamente la totalidad de los votos contabilizados, Bolsonaro consiguió alrededor del 47% de los sufragios válidos, mientras que Lula se ubicó cerca del 45%. La diferencia fue inferior a tres puntos porcentuales y ninguno alcanzó el 50% necesario para definir la Presidencia en primera vuelta.
El resultado modificó el escenario que habían anticipado buena parte de las encuestas. Bolsonaro llegó a superar los 55 millones de votos y quedó relativamente cerca de ganar directamente, aunque el crecimiento de Lula durante el escrutinio de los estados del nordeste brasileño, históricamente favorables al Partido de los Trabajadores, terminó llevando la elección a una segunda instancia.
La disputa que comienza ahora será diferente. Más que concentrarse exclusivamente en sus respectivos electorados, los dos candidatos deberán buscar los votos de quienes quedaron afuera de la segunda vuelta. Los tres principales postulantes eliminados reunieron en conjunto alrededor del 7,3%, un porcentaje ampliamente superior a la diferencia que separó a Bolsonaro y Lula.

En ese escenario, Flávio Bolsonaro necesita consolidar el respaldo de los partidos de derecha y centroderecha. La federación formada por União Brasil y Progressistas (PP) comenzó a dar señales favorables hacia su candidatura, mientras otras fuerzas evalúan qué posición adoptarán para el balotaje. El PSD, en cambio, anunció una postura de neutralidad.
El apoyo de esas estructuras tiene además una dimensión parlamentaria. La elección brasileña no solamente definió las candidaturas presidenciales, sino que renovó espacios en el Congreso y los gobiernos estaduales, por lo que los acuerdos negociados durante estas semanas también pueden condicionar la gobernabilidad del próximo presidente.
Bolsonaro llegó a la candidatura presidencial después de que su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, quedara fuera de la competencia electoral. El senador construyó una plataforma centrada en reducciones dentro de la administración pública, endurecimiento de la política criminal, combate al crimen organizado y expansión de la explotación de petróleo y gas.
Del otro lado, Lula deberá ampliar su base electoral después de reconocer que esperaba conseguir un resultado mejor en la primera vuelta. El mandatario calificó el resultado como “inesperado” y ahora buscará recuperar terreno principalmente entre los electores que no participaron de los comicios y los sectores de centro que respaldaron otras candidaturas.
Ese universo será especialmente importante: la abstención alcanzó el 21,08%, equivalente a más de 33,4 millones de personas que no acudieron a votar, sobre un padrón superior a los 158 millones de electores. La participación se ubicó en el 78,92%.
Así, la elección brasileña quedó abierta. Flávio Bolsonaro parte hacia el balotaje después de haber obtenido la mayor cantidad de votos en la primera vuelta, pero deberá transformar esa ventaja en una coalición más amplia. Lula, mientras tanto, tendrá tres semanas para intentar revertir la diferencia y conservar la Presidencia.
La definición será el domingo 25 de octubre, cuando Brasil elegirá entre dos proyectos políticos enfrentados y determinará quién gobernará el país durante los próximos cuatro años.


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