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title: "El “Súper Niño” pone en alerta a Tucumán por tormentas intensas y riesgo de inundaciones"
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description: "El fenómeno podría favorecer lluvias concentradas, mientras especialistas advierten que la urbanización y los desagües condicionan el impacto en Tucumán."
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date_published: "2026-10-13T06:53:00-03:00"
date_modified: "2026-10-13T06:56:32-03:00"
tags:
  - "Inundaciones"
  - "Lluvias"
  - "Super niño"
  - "Tormentas"
  - "Tucumán"
author_name: "Benjamin Encina"
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category_name: "Tucumán"
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# El “Súper Niño” pone en alerta a Tucumán por tormentas intensas y riesgo de inundaciones

Tucumán se prepara para una temporada de lluvias que podría combinar precipitaciones concentradas con tormentas de gran intensidad. En el contexto del fenómeno climático conocido como **“Súper Niño”**, el ingeniero **Leandro Díaz**, director del Laboratorio de Construcciones Hidráulicas de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), advirtió que el problema no depende únicamente de cuánto llueve, sino también de la frecuencia de los episodios y de la capacidad del territorio para evacuar el agua.

De acuerdo con el especialista, el período comprendido entre **octubre y marzo** podría presentar características particulares. Hasta el comienzo del verano, el volumen total de precipitaciones incluso podría mantenerse dentro de los valores habituales. Sin embargo, eso no descarta la posibilidad de que se produzcan **lluvias muy intensas en sectores puntuales y durante períodos breves**, una combinación capaz de generar complicaciones en áreas urbanas y rurales.

El fenómeno de El Niño se desarrolla cuando las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial presentan temperaturas superiores a las habituales, lo que modifica la circulación atmosférica y puede alterar los patrones de lluvia en distintas regiones. En este escenario, el calentamiento de la atmósfera aporta energía a los sistemas de tormentas y puede favorecer episodios localizados de gran intensidad. El comportamiento concreto de las precipitaciones, no obstante, dependerá de la evolución de las condiciones meteorológicas.

La geografía tucumana también influye en la distribución de las lluvias. Las montañas del oeste y del norte condicionan el desplazamiento de los vientos húmedos que llegan desde el sudeste, favoreciendo en determinadas circunstancias precipitaciones intensas y de corta duración en la zona del piedemonte. Cuando el agua cae en poco tiempo, los sistemas de drenaje pueden quedar superados, incluso sin que el acumulado general de lluvia sea extraordinario.

Díaz explicó que existen **dos mecanismos principales de inundación**. El primero es el pluvial, que ocurre cuando el agua de lluvia se acumula porque no puede escurrir con suficiente rapidez. En las ciudades, el recorrido comienza en techos y calles, continúa por las cunetas y las bocas de tormenta, y llega a los desagües subterráneos o a canales abiertos, como los canales Cintura Norte y Sur, que conducen el agua hacia el río Salí.

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El inconveniente aparece cuando la intensidad de las precipitaciones supera la capacidad de evacuación de esa infraestructura. En esas circunstancias, el agua puede acumularse en calles y barrios, afectar la circulación y entrar en viviendas. El segundo mecanismo es la inundación por desborde, que se produce cuando un río o un curso de agua supera la capacidad de su cauce y avanza sobre zonas habitadas. En **La Madrid**, señaló el ingeniero, pueden combinarse ambos tipos de situaciones.

Uno de los factores que incrementan la vulnerabilidad es el crecimiento urbano sobre espacios que históricamente funcionaban como vías naturales de escurrimiento o áreas de expansión del agua. El especialista recordó que el **Parque 9 de Julio** ocupaba una zona pantanosa vinculada al río Salí, donde el agua podía desbordarse y liberarse gradualmente antes de la regulación del sistema asociada al dique El Cadillal.

A esa transformación se suma la impermeabilización del suelo mediante pavimento, calles y construcciones. Al reducirse las superficies que absorben el agua, aumenta la cantidad que corre por la superficie y llega más rápidamente a los desagües. Por eso, una tormenta intensa puede provocar consecuencias diferentes según las características de cada barrio, la infraestructura disponible y la ocupación del territorio.

El riesgo también está relacionado con la ubicación de las viviendas. Díaz advirtió sobre construcciones en sectores vinculados al cauce mayor del río Salí y ocupaciones en franjas que deberían permanecer libres junto a determinados canales, como el Camino de Sirga. Estos espacios cumplen una función en el escurrimiento y su ocupación puede dificultar las tareas de mantenimiento y agravar los efectos de una crecida.

Otro aspecto señalado por el ingeniero es la presencia de poblaciones sobre **lechos de deyección y paleocauces**, formaciones originadas por sedimentos transportados desde las montañas y antiguos recorridos naturales del agua. Esos trazados pueden volver a conducir escurrimientos durante lluvias importantes. Debido a las pendientes y a la cercanía de las zonas donde se forman las crecidas, el agua puede desplazarse con rapidez y dejar poco margen para reaccionar.

En La Madrid, además, Díaz vinculó la repetición y duración de algunas inundaciones con intervenciones en áreas de bañados, entre ellas las relacionadas con el río San Francisco, que —según su evaluación— no habrían sido adecuadamente controladas o estudiadas. La modificación de esos espacios puede alterar la forma en que se distribuye y retiene el agua durante episodios de lluvias abundantes.

Frente a este panorama, el especialista sostuvo que la limpieza y la recuperación de cauces y canales deben formar parte de una política sostenida, en lugar de ejecutarse únicamente cuando aparece una emergencia. Propuso contar con **un presupuesto anual específico para prevención y mantenimiento**, con una planificación que permita intervenir de manera periódica en los distintos cursos de agua de la provincia.

También planteó la necesidad de mejorar la coordinación entre los organismos estatales que intervienen en la gestión hídrica. Según señaló, la falta de planificación a gran escala y las dificultades de articulación pueden limitar la capacidad de anticiparse tanto a escenarios de lluvias intensas como a períodos de sequía. Las obras, explicó, no eliminan por completo las inundaciones, pero pueden reducir la altura que alcanza el agua y el tiempo que permanece en las zonas afectadas.

Entre las medidas preventivas, Díaz mencionó la planificación urbana, las restricciones para construir en áreas de riesgo, la elaboración de mapas que identifiquen los sectores vulnerables y las normas para limitar la superficie impermeable de los terrenos. También destacó que los nuevos desarrollos urbanos deben evitar que el caudal máximo de agua generado después de una construcción supere al que existía previamente.

El criterio podría extenderse a las viviendas particulares mediante sistemas que retengan temporalmente parte del agua de lluvia y reduzcan la cantidad que llega de golpe a las calles. El objetivo es disminuir la presión sobre los desagües y aprovechar mejor la infraestructura existente, junto con obras diseñadas según las características de cada lugar.

El escenario que se abre con el fenómeno de El Niño vuelve a poner el foco en la prevención en Tucumán. **La intensidad de las tormentas, la ocupación de zonas vulnerables y el estado de los sistemas de drenaje** serán factores determinantes para dimensionar sus posibles consecuencias. Aunque no está establecido que todas las localidades vayan a sufrir inundaciones, la advertencia de los especialistas apunta a reforzar la planificación y el mantenimiento antes de que se produzcan los episodios más complicados.

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