El Niño se fortalece y anticipan más lluvias para Buenos Aires y el Litoral

El fenómeno climático tiene más del 90% de probabilidad y podría aumentar las lluvias, generar inundaciones y modificar la campaña agrícola.
Nacionales21 de agosto de 2026Benjamin EncinaBenjamin Encina

La llegada de El Niño ya comienza a modificar el escenario climático de la Argentina y genera preocupación de cara a la primavera y el verano de 2026/27. Los pronósticos anticipan un período con lluvias más frecuentes y tormentas, especialmente en el centro-este y noreste del país, con Buenos Aires y el Litoral entre las regiones que presentan mayor riesgo de excesos hídricos e inundaciones.

Según los datos difundidos en las últimas horas, existe una probabilidad superior al 90% de que el fenómeno se mantenga, mientras que la temperatura del Pacífico ecuatorial presenta una anomalía cercana a los 2 °C. Este calentamiento altera los patrones de circulación atmosférica y favorece condiciones más húmedas sobre distintas regiones de la Argentina.

Uno de los principales focos de preocupación está puesto en la provincia de Buenos Aires, particularmente en zonas de la Depresión del Salado, donde la capacidad de drenaje puede verse superada si se acumulan precipitaciones de manera reiterada.

El meteorólogo Sergio Jalfin explicó que el principal riesgo no necesariamente estará relacionado con tormentas individuales mucho más intensas, sino con la mayor frecuencia de las lluvias. La repetición de los eventos puede provocar que los suelos queden saturados y que los sistemas de drenaje pierdan capacidad para absorber nuevos aportes de agua.

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El campo ya modifica sus decisiones

El cambio en las condiciones climáticas también comenzó a impactar en las decisiones de los productores agropecuarios. En zonas productivas de Buenos Aires, el exceso de humedad obliga a analizar qué cultivos presentan mejores posibilidades frente a un escenario de lluvias superiores a lo habitual.

El productor Alberto Pol, de la zona de Carlos Casares, explicó que las inundaciones son un problema recurrente de la región. Según su testimonio, desde 1973 la zona atraviesa episodios de inundaciones aproximadamente cada cuatro o cinco años debido a su ubicación dentro de la Depresión del Salado y a las dificultades para evacuar el agua.

En este contexto, uno de los cultivos que pierde atractivo es el girasol. El productor explicó que el exceso de agua puede afectar su floración y terminar perjudicando el rendimiento.

El maíz aparece como una alternativa con mejores perspectivas productivas, aunque existe otro problema: si las lluvias generan anegamientos y deterioran los caminos rurales, puede resultar complicado trasladar la cosecha.

Por ese motivo, la soja comienza a aparecer como una de las alternativas más manejables para los productores frente a condiciones climáticas adversas.

Los números también preocupan al productor

El escenario climático se suma a una situación económica complicada para el sector. En Carlos Casares, Pol señaló que el rinde de indiferencia de la soja es de 3.800 kilos por hectárea, mientras que el promedio de la zona ronda los 3.500 kilos.

Esto significa que, con los costos actuales, producir por debajo de ese nivel implica trabajar con márgenes muy ajustados o directamente con pérdidas. A esto se agregan el aumento del combustible y de los insumos, que presionan todavía más sobre la rentabilidad.

El productor también cuestionó que los beneficios de una cosecha récord no necesariamente se trasladen de manera directa al productor, debido al peso de los costos y de las retenciones sobre las exportaciones.

La ganadería también queda expuesta

La situación tampoco ofrece demasiadas alternativas para la ganadería. Trasladar animales hacia otras zonas implica elevados costos y, además, existen restricciones sanitarias que dificultan determinados movimientos de hacienda.

Ante la posibilidad de períodos prolongados de exceso de agua, los productores evalúan reforzar las reservas de alimento mediante rollos y silo de maíz, aunque esto también representa un costo adicional.

El escenario climático incluso muestra señales que los productores relacionan con cambios de largo plazo. Pol señaló que en su zona los inviernos ya no presentan las mismas temperaturas de años anteriores y que el frío habitual de esta época se ha reducido.

¿Habrá faltantes de alimentos?

Pese a la preocupación, el productor descartó un escenario de faltantes de productos básicos. Explicó que, incluso ante condiciones adversas, el sector continúa sembrando porque la producción no puede detenerse.

Sin embargo, el contexto económico ya está modificando los hábitos de consumo. Según el testimonio, se observa un desplazamiento desde la carne vacuna hacia el pollo y el cerdo, principalmente por una cuestión de precios.

Buenos Aires y el Litoral, bajo la lupa

Los especialistas consideran que las zonas más expuestas durante los próximos meses serán el noreste y centro-este argentino, con especial atención sobre Buenos Aires y el Litoral.

El problema central será la acumulación de precipitaciones. Cuando los suelos ya están saturados, nuevas lluvias pueden generar rápidamente anegamientos, crecidas de ríos e inundaciones, tanto en áreas rurales como urbanas.

Por eso, municipios y gobiernos provinciales ya comenzaron a trabajar en planes de contingencia, con el objetivo de anticiparse a posibles episodios de exceso hídrico.

El fenómeno se desarrolla, además, en un contexto de calentamiento global, que puede potenciar algunos de sus efectos y aumentar la vulnerabilidad de determinadas regiones.

Así, El Niño no solo aparece como un fenómeno meteorológico: también comienza a influir en la producción agropecuaria, las decisiones de siembra, los caminos rurales, la actividad ganadera y la planificación de las ciudades que podrían enfrentar una primavera y un verano con más agua de lo habitual.

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